
Arista de aire,
del frío del alma;
que se enjuaga la boca
con el filo de sus labios;
déjale los pechos diminutos
con el hálito de tu grieta
volátil y sangrante color jaspe.
Hilaza de fuego
de pan recién horneado;
tú que bronceas las pieles,
no arremetas contar su esquina:
húmeda, lubricada, mantenida;
única punta acerada contra el río
que reluce los miserables espasmos….
¡DEL ALMA!, ¡DEL ALBA!
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De: Lagunas de pobreza.
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