Cap 1
La señal (fragmento)
Era una tarde cerrada, lo noté en la poca sombra que hacía el sol, ya eran casi las seis pasadas del medio día de un viernes santo , de aquellos atardeceres donde se espera continuar hasta finalizar la jornada después de tanto trabajo . Ese día vino del norte una rara ave hasta mi ventana, su alado padre era del oriente, eso yo lo sé, por que lo supuse; y después el ave me lo confirmó, la percibí exhausta.
-Debe ser un pájaro migratorio- Pensé para mis adentros.
Mientras oía un bullicio fuera de mi habitación, pensaba el porque de la repentina casualidad de acogerse en mis aposentos que no eran nada sacrosantos pues mi ventana estaba cerrada y aparentemente ella quería entrar, al ver que no podía hacerlo , se puso a picotear en el vidrio desesperadamente, mientras alguien, desde debajo de sus alas le lanzaba piedrecillas como si estuviese en una guerra, bombardeando a la indefensa avecilla y esta se agitaba más, siempre con la fuerza de querer entra para mi habitación , como mi ventana es de las que se abre para afuera, y el animalito se encontraba precisamente ahí , “afuera”, noté que estábamos en un predicamento, ella que quería entrar, y yo que quería abrirle ,para que no la lastimasen aquellos insensatos diablillos andantes que no tenían nada mas que aturdir las tardes nada pasivas que se respiraban por esas épocas, pero si lo hacia- abriré la ventana, pensé- el pajarito volaría ahuyentado por el tremendo golpazo que recibiría de parte del vidrio, y entonces yo hubiese abierto la ventana para nada. Después de mucho picotear, contrariada por no poder entrar volvió al norte. Otra vez lo supuse,-Seguro volverá a casa, total, todos vuelven a la tierra en que nacieron-Me dije. Desde entonces ya han pasado dos semanas y aun espero al cerrajero para cambiar el sentido de mi ventana......
Roy Dávatoc.
viernes, 21 de diciembre de 2007
martes, 18 de diciembre de 2007
Manifiesto al nadaísmo No 2
Difícil creer el fatuo traslado de Gonzalo, desde su pequeño y árido universo hasta la interjección final que tal vez le saco la voz de poeta, entre otras cosas. Finalmente murió el casi muerto, la parca no le dejo parir mas su nadaísmo y de modo alguno el ya había desistido, mientras arrastraba en sus sendero el cordón umbilical, por el cual, luego querían canonizarlo. El nadaísmo no logro nada, solo la exaltación de la expresión (un poco aberrada) que trastornó el desarrollo de toda una revolución undergraund, eso mientras no se nos venga los sicarios.
Y es que en una Colombia tan desbaratada y sorda ¿no son nada las palabras de quien quiere ser libre entre los libres? El nadaísmo no hiso nada, solo la rediviva algo sórdida e iletrada de una sociedad que se estaba ahorcando con su propia lengua, también es difícil imaginar que ahora hay quienes ahorcan a punta de lengua y que desde siempre el colombiano muere por la boca (mejor dicho: por oídos sordos).
Tremenda desazón, mi estimado. Ahora critican al nadaísmo por ejercer en rigor, un importaculismo ilustrado; ¿de qué ha servido? Pues les cuento entusiastas, que mas allá de un legado literario concreto (no lo dejaron) heredaron a la literatura colombiana el concepto asertivo del sacrificio que es menester para que dejen de hablar por nosotros los fusiles.
El nadaísmo no paso desapercibido, aun, encausado a los lectores incipientes se va transformando en la pequeña utopía de soñadores que allende a la marihuana, reiteran subjetivamente la labor del escriba; por supuesto, antes de ser encausados de nuevo por los “buenos lectores” es ahí donde condenamos y revivimos el movimiento, en un perpetuó estado de ebriedad mediante el cual nos hartamos y terminamos, correspondientemente, regurgitando.
Entonces, ¿…?. Donde encontramos el rabo del movimiento, es menester airearse un poco, recordar con algo de cordura la medida del hombre que se ofrece en el primer manifiesto nadaísta; puede que sea entusiasta y alborotado, ¿pero es que el movimiento no fue de alborotadores? Y ¿otro de los marihuanos grandes de Colombia no despieza una canción de salsa para meternos en la cabeza esto de :¿ agúzate que te están velando? Entonces por que increpar a esos alborotadores que intentaron despertar a un pueblo. Alborotadores que hoy me impulsan a redactar este horrendo manifiesto. Alborotadores que no existe en mi plataforma de Microsoft Office del 2007, a duras penas la opción que corrige las tildes de la palabra nadaísmo, es entonces compromiso de cada quien sumar a los nadaístas al diccionario, y más aun, sumar las voces que se enfrenta con hojas a la máscara inútil de los fusiles.
Ludwig Snider Suarez.
Poeta colombiano.
Y es que en una Colombia tan desbaratada y sorda ¿no son nada las palabras de quien quiere ser libre entre los libres? El nadaísmo no hiso nada, solo la rediviva algo sórdida e iletrada de una sociedad que se estaba ahorcando con su propia lengua, también es difícil imaginar que ahora hay quienes ahorcan a punta de lengua y que desde siempre el colombiano muere por la boca (mejor dicho: por oídos sordos).
Tremenda desazón, mi estimado. Ahora critican al nadaísmo por ejercer en rigor, un importaculismo ilustrado; ¿de qué ha servido? Pues les cuento entusiastas, que mas allá de un legado literario concreto (no lo dejaron) heredaron a la literatura colombiana el concepto asertivo del sacrificio que es menester para que dejen de hablar por nosotros los fusiles.
El nadaísmo no paso desapercibido, aun, encausado a los lectores incipientes se va transformando en la pequeña utopía de soñadores que allende a la marihuana, reiteran subjetivamente la labor del escriba; por supuesto, antes de ser encausados de nuevo por los “buenos lectores” es ahí donde condenamos y revivimos el movimiento, en un perpetuó estado de ebriedad mediante el cual nos hartamos y terminamos, correspondientemente, regurgitando.
Entonces, ¿…?. Donde encontramos el rabo del movimiento, es menester airearse un poco, recordar con algo de cordura la medida del hombre que se ofrece en el primer manifiesto nadaísta; puede que sea entusiasta y alborotado, ¿pero es que el movimiento no fue de alborotadores? Y ¿otro de los marihuanos grandes de Colombia no despieza una canción de salsa para meternos en la cabeza esto de :¿ agúzate que te están velando? Entonces por que increpar a esos alborotadores que intentaron despertar a un pueblo. Alborotadores que hoy me impulsan a redactar este horrendo manifiesto. Alborotadores que no existe en mi plataforma de Microsoft Office del 2007, a duras penas la opción que corrige las tildes de la palabra nadaísmo, es entonces compromiso de cada quien sumar a los nadaístas al diccionario, y más aun, sumar las voces que se enfrenta con hojas a la máscara inútil de los fusiles.
Ludwig Snider Suarez.
Poeta colombiano.
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