
En mi primer paso beso el piso,
me muerdo la mano, el codo;
pero no duermo rendido.
Quinto paso y de nuevo veo piso,
me ladra la piedra en el tímpano;
tengo de morado y pincelado un ojo.
Décimo paso, me arrulla el piso;
con la boca abierta te he perdido
y me puse a reír por no llorar.
Aún camino- semi-erguido- gateando...
ruedo sobre mis costillas enclenques,
me quejo despacito y me ponen a dormir.
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De: Lagunas de pobreza.
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