Después de lo efímerosólo me queda el hueco infaltable en el costado,
-es decir, al lado derecho de mi cuerpo-
y un repentino bostezo de aliento amargo,
-como el de mujer abandonada-
porque te llevaste el grito ahogado
de la sal de mi cuerpo
y un adiós que tiene traje de vacío.
***
De: Entre Pasiones.
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